LA TRUCHA ARCOÍRIS Y LA RESILIENTE PESCA FLUVIAL

La resiliente pesca fluvial. Revista Montes n1 162. Jesús Soriano Montes, Ingeniero de montes.
A veces se puede comprobar la numantina resistencia de un medio rural que, contra viento y marea, se defiende contra los crecientes e injustificados ataques que recibe. Es el caso de la pesca fluvial y también de la acuicultura.
Entre todos los padecimientos sufridos por la pesca fluvial, destaca, por lo injustificado del mismo, la catalogación de especies piscícolas alóctonas de máximo interés como invasoras. Persisten, aún hoy, graves secuelas de la aprobación de un real decreto que dinamitó la pesca en España a finales de 2011. El Gobierno entrante de 2012 heredó ese RD, que “coló” sin debate varias especies que lleva ban en las aguas españolas muchas décadas (y si glos) y que pasaron a catalogarse como invasoras. Ello obligaba a prohibir su pesca. La catalogación de invasoras se pretendió justificar con medias verdades y publicaciones descontextualizadas y “traídas” desde otras regiones mundiales cuando teníamos el ejemplo real de su capacidad de naturalización en nuestros ríos. No importó ocultar este extremo. Uno de los textos más manipulados con objetivos “antipesca” y “antiganado” ha sido el de nominado “100 especies más invasoras del mundo” (y otros “coleccionables”). Este libreto se usa sistemáticamente como espantajo para rebatir lo irrebatible: la tozuda realidad. Esta fue la lamentable excusa que clasificó a la carpa o a la trucha arco iris como invasoras.
Actualmente, hay alóctonas de máxima relevancia piscícola catalogadas como invasoras que son pescables, sí, pero aquel RD de 2011 consagró el carácter legal de especie invasora de estas especies en cualquier biotopo acuático. En 2018 costó muchas horas de trabajo volver a cierta racionalidad y solo pudo parchearse el problema.
Lo que astutamente se ocultó…
La carpa (Cyprinus carpio) o la trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss) llevan mucho tiempo en las aguas españolas; en el caso de la segunda, al menos desde 1888 de forma documentada. Esta se trató de asilvestrar desde entonces sin lograrse. No ha habido ningún evento invasor ni nada parecido hasta hoy, tras masivas repoblaciones de esta especie en los siglos XIX y XX. Se repoblaron casi todas las aguas de cuencas peninsulares, sin éxito, pero parece que ello no fuera prueba alguna de su inocuidad según el Legislador.
Es vital distinguir entre “población” de una especie que coloniza y lo que son individuos que vegetan en aguas donde se liberan. Hay poblaciones relictas de arcoíris que pudieron, singularmente, reproducirse en España. Estas localizaciones pueden interpretarse como “santuarios” de poblaciones provenientes de repoblaciones históricas efectuadas en aguas singulares. Ello se verifica por la gran singularidad de estas aguas, donde sobreviven estas escasas poblaciones de truchas arcoíris.
Si a lo anterior unimos la “seguridad biológica” de las actuales técnicas de cultivo de las truchas arcoíris que hoy se liberan en cotos de pesca autorizados (monosexo y estériles), solo falta citar la cuidadosa selección de las aguas donde soltar estos peces para pesca inmediata, al objeto de que no afecten a los ecosistemas autóctonos. Las aguas elegidas para dichas sueltas están todas hidrológicamente transformadas y se ubican aguas abajo de embalses. Si las masivas repoblaciones de los siglos XIX y XX no causaron impactos reseñables en 140 años, la doble barrera de seguridad, actualmente aplicada en estos cotos de pesca, reduce todo a un riesgo residual para los ecosistemas acuáticos naturales. Este sistema de aprovechamiento piscícola ha completado ya varias décadas de funcionamiento. Pero hay más: en España se producen 15.000 t anuales de este salmónido en centros acuícolas asentados sobre unas aguas donde nunca se han dado hechos reseñables que hicieran pensar que la trucha arcoíris pudiera irradiar se desde centros acuícolas a las aguas libres.
Las urgencias propagandísticas de grupos ideológicos de nuestra sociedad postecnológica, infantilizada y urbanita, apelan a la emotividad y no al sentido común. A ello se debe esta lamentable situación. Lo anterior cuenta además con la permanente amenaza del “terror” judicial, el instrumento favorito de la ideología “antimediorural” y “antipesca”. Estos minoritarios elementos siempre tratan de probar suerte con un juez despistado, mal asesorado, etc. Eso es más rentable que demostrar razones frente a los mejor informados, sobre todo cuando no pagan costas de juicio por ser ONG.
Motivos de optimismo.
Pese a la satanización de la trucha arcoíris, ocurre lo inesperado. En 2024, la media del coto tipo me dio consorciado de trucha arcoíris en la provincia de Guadalajara (5), gestionado por asociaciones, ha expedido 275 permisos al mes de media, y todo ello a pesar de ser escenarios muy transformados y algo masificados. En esta misma provincia (2024), el número de permisos expedidos al mes de media en un coto especial tipo (magníficos escenarios de pesca de trucha común) solo llega a 11,7 permisos/ mes (¡donde sobra el 80-85 % de la oferta!). La ratio es de 1:23 a favor de los cotos consorciados y subiendo…
La Asociación Nacional de Trucha Arcoíris, que cuenta con 11 cotos de pesca miembros, ha aumentado los permisos demandados en 2024, res pecto a 2023, en un 7 %.
Además, resulta que los pescadores deportivos se han integrado en una prometedora alianza junto a los pescadores tradicionales. Se organizan con cursos deportivos en cotos de trucha arcoíris como, entre otros, los del río Leizarán (Guipúzcoa) o de Alfarrás (río Noguera Ribagorzana, Lérida). Ambos con una convivencia y equilibro entre la trucha autóctona y alóctona que los enemigos de la pesca tratan de negar, mirando a otro lado.
Otras noticias positivas en 2025 han sido las aperturas de dos cotos de trucha arco iris: el coto albaceteño de Liétor (río Mundo) y el coto de Iniesta (Cuenca) en el río Cabriel, lindero con Valencia.
Estos cotos de pesca hacen posible la multifuncionalidad de nuestros ríos, con diferentes regímenes y vocaciones piscícolas. Mención aparte merece la lucha contra la crisis demográfica y el impulso que se hace en favor de la acuicultura de interior ¿Qué más hace falta? ¿Es normal que la trucha arcoíris que se suelta en cotos de pesca tenga la misma clasificación de invasora que el siluro, el pez gato o el mejillón cebra? Esto es otro caso de contribución al desalojo del humano del medio rural que ya no se toma como daño, sino como parte de una “hoja de ruta”.

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